
Este fondo reúne los relatos de vida de Angélica Ramirez, cuyo recorrido parte de lo rural, de las montañas donde creció, y desde allí ha ido dando pasitos hacia un mundo más justo. Su historia es la de alguien que ha aprendido a tejer pensamiento, arte y acción política. A través de sus testimonios, Angélica cuenta su paso por espacios familiares, educativos, laborales, políticos y afectivos, reflexionando sobre las violencias, los aprendizajes y los encuentros que han moldeado su forma de estar en el mundo. En su camino aparecen el hip hop y la cultura urbana, el feminismo y las colectividades.
En este clip, Angélica recorre sus experiencias amorosas desde la adolescencia, marcadas por el racismo, la violencia y las desigualdades de poder. Habla de su primer amor atravesado por prejuicios familiares y de una relación posterior donde reconoce violencia ejercida sobre ella. Con el tiempo, ha podido transformar esas heridas en conciencia, encontrando en su relación actual un amor tranquilo, horizontal y basado en el cuidado mutuo. Su relato reflexiona sobre cómo el amor y la sexualidad también son espacios donde se reproducen y pueden subvertirse las opresiones.
En este clip, Angélica cuenta cómo ha dado “pasitos hacia otro mundo posible”, una chispa que se encendió en su infancia y se fortaleció durante el paro universitario contra la Ley 30. Relata cómo las experiencias de violencia, el encuentro con el feminismo, el arte y la búsqueda de espacios seguros fueron moldeando su pensamiento y sus formas de acción. Menciona los retos de asumirse lesbiana y no binaria, y su participación en múltiples colectividades como Jardín Abierto, Sin Título, DIES (Dispositivo de Intercambio de Experiencias y Saberes), La Isla en Vela, Medios Libres Cali, la Articulación y Juntanza de Mujeres y el POS (Pueblo Organizado y Solidario), espacios desde donde ha tejido comunidad y transformación.
En este clip, Angélica recuerda una experiencia universitaria marcada por el estigma hacia el VIH. Relata el caso de Jaime, un compañero poeta y escritor que fue objeto de rumores sobre su supuesto diagnóstico. Angélica observa cómo la falta de empatía surgió desde el entorno académico, incluso a partir de comentarios de docentes, lo que desencadenó una discriminación basada en prejuicios hacia las formas de vida consideradas “alegres”. A partir de este hecho, reflexiona sobre la dureza del estigma asociado al VIH. Con el tiempo, conocer el trabajo de Janet y su labor en la Fundación de la Mujer le permitió resignificar su mirada, reconociendo la dignidad, el respeto y los cuidados que implica vivir con VIH en una sociedad que suele desvalorizar estas experiencias.
En este clip, Angélica reflexiona sobre las múltiples violencias que han atravesado su experiencia como mujer lesbiana y disidente del género. Relata cómo su salida del clóset estuvo marcada por violencias, y cómo al modificar su expresión de género, algunas de esas violencias cesaron, pero surgieron otras. Describe agresiones sutiles, desde comentarios o negaciones de vivienda hasta prejuicios en su trabajo con niños y funcionarios públicos, y cuenta que incluso dentro de la comunidad LGBTIQA+ se ha sentido presionada a etiquetarse. Finalmente, identifica una violencia más profunda: la cultural y simbólica, que opera en lo íntimo, configurando deseos, relaciones y formas de habitar el mundo.
En este clip, Angélica comparte su experiencia al salir del clóset, un proceso que describe como tranquilo y tardío. Relata que lo hizo en un momento de independencia económica y emocional, cuando ya no dependía de sus padres. Aunque su familia vivió confusión, la aceptación llegó con el tiempo. Angélica reflexiona sobre la pérdida de privilegios al asumirse como mujer lesbiana cis y, más adelante, al transformar su expresión de género, enfrentando nuevos estigmas. Considera que salir del clóset en la adultez le permitió analizar el proceso desde lo político, aunque a veces se cuestiona no haberlo hecho antes.
En este clip, Angélica relata su trayectoria laboral desde los años universitarios, cuando comenzó vendiendo postres y maletines para sostenerse, hasta su participación en proyectos de arte impulsados por la Alcaldía y la Gobernación en alianza con la Universidad del Valle. También trabajó en el montaje de exposiciones, realizando montajes para el Museo La Tertulia y la Galería La Sucursal. Co-creó el grupo La Isla en Vela, un espacio de trabajo colectivo y de sustento. Más recientemente ha trabajado en el sector público, en el Sistema Distrital del Cuidado; en el Museo La Tertulia y en la Fundación Arteria.
En este clip, Angélica cuenta su recorrido educativo, que inicia en una escuela agropecuaria rural donde aprendió a sembrar y a cuidar la tierra. De ese entorno comunitario pasó al Liceo Departamental Femenino en Cali, un cambio abrupto que la enfrentó a un ambiente urbano y lesbofóbico que recuerda como opresivo. Su llegada a la Universidad del Valle la marcó, allí encontró pensamiento crítico, libertad y comunidad. Estudió Licenciatura en Artes Visuales y comenzó a vincularse a procesos pedagógicos y colectivos. Más adelante cursó un diplomado en la escuela política Travesías por la Paz y la Equidad de Género, y participó en la Escuela Incierta de Lugar a Dudas, donde profundizó en la relación entre arte, ocio y trabajo. Su recorrido académico ha estado atravesado por la montaña, la ciudad y el arte.